EL CAMINO DEL SIMBOLO

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ALÍ BABÁ Y LAS 40 RAZONES

 

En el mundo del símbolo, el término ladrón suele a representar a la razón, tanto en escritos sagrados como en los cuentos y leyendas que se concibieron como vehículo de transmisión y orientación hacia el camino interior.

¿Por qué la razón es un ladrón?

En el camino evolutivo, cada paso hacia adelante es obviamente un paso hacia lo desconocido y la razón solo puede procesar datos y experiencias conocidas; es por este motivo, por el que la razón nunca será una buena guía en el camino, sino que su función es la de reunir, procesar y analizar las experiencias ya vividas. En el camino de ascenso, el corazón es el guía y la razón ha de ponerse al servicio del corazón.

En el mundo en que vivimos, la razón “ha usurpado o robado” la primogenitura del corazón y así nos va. Pero del mismo modo que es la razón la que nos ha metido en el lío involutivo del desamor, es ella misma, una vez despertada la conciencia, la que comprende que su lugar está detrás del corazón y no delante.

Esto es precisamente lo que simboliza el relato evangélico de los dos “Ladrones”. El “mal ladrón” (al cual la tradición bautizó con el nombre de “Gestas” que significa  “Hechos”) dice: “Si eres el Cristo sálvate a ti mismo y a nosotros”. O sea, demanda hechos, pruebas, que es lo que hace la razón en su ignorancia. Sin embargo, una vez ha despertado la conciencia, la razón reconoce que es responsable de todo cuanto le acontece en la vida, se vuelve hacia el espíritu y busca la salida de la prisión en la que se halla. Así tenemos al “buen ladrón” a quien se bautizó como “Dimas” que significa “El que busca a Dios” y que dice: “Nosotros, en verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos”. Y continúa “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino”.  (Reino del Corazón de Jesús). A lo que el Cristo le responde “Esta noche estarás conmigo en el paraíso”. Corazón y razón en equilibrio y en orden.

La misma idea es sintetizada en el conocido símbolo del Corazón de Jesús. Un corazón coronado de espinas y sangrando por las heridas que estas le inflingen. (Las espinas de la cabeza hieren al corazón).

Expuesto lo que antecede, pasemos al simbolismo del cuento de Alí Babá y los 40 ladrones.

Para empezar, el nombre Alí Babá podría traducirse como “El hijo de Dios Padre”. Alí tiene un hermano de nombre Kasím que significa “divididos”. De nuevo tenemos los dos estados de la razón, la razón apegada a la materia y la que busca arriba.

Alí descubre a 40 ladrones que utilizando unas palabras mágicas “Ábrete Sésamo”, consiguen que una gran roca se abra, dejando paso al interior de una cueva llena de tesoros robados, destacando el oro y el rubí.

El número 40, es el valor numérico de la letra hebrea número 13 MEM, cuyo simbolismo es la muerte renovadora, como fin de lo viejo y nacimiento de lo nuevo. De ahí los 40 días de ayuno en el desierto o los 40 años hacia la tierra prometida.

Aunque el cuento sea de origen Árabe y hoy su alfabeto conste de 28 letras, se dice que antiguamente, tenía 22 al igual que el hebreo. En cualquier caso, no se puede negar que el Islamismo, el Judaísmo y el Cristianismo, son tres ramas de un mismo tronco.

Las palabras mágicas Ábrete Sésamo. Es la fuerza del deseo expresado por la palabra, la que abre todas las puertas “Y el verbo se hace carne” Lo que la palabra expresa, acaba por convertirse en realidad. En el caso que nos ocupa, la orden dada, es que se abra la semilla de sésamo. El sésamo es una planta de la que se extrae aceite y el aceite es el combustible para encender las lámparas, por lo tanto nos habla de abrir la semilla del fuego del espíritu que está en nuestro interior (cueva), donde se esconden los más fabulosos tesoros que nos han sido “ocultados, robados”. El oro representa el logro espiritual o alquimia y el rubí el poder terrenal, o sea “Así en la tierra como en el cielo”.

Con engaño, Kasim el hermano de Alí descubre el secreto y quiere hacerse con el tesoro. Consigue entrar en la cueva pero ante el brillo del oro, olvida las palabras mágicas para salir. Es descubierto por los ladrones y le cortan la cabeza.

Aquí, la razón apegada a la materia, olvida el camino de retorno, olvida cual es la semilla que se ha de abrir y es por ello, por lo que simbólicamente hay que “cortar la cabeza” o sea, olvidar todos los patrones aprendidos y morir a lo viejo, para renacer a lo nuevo desde el corazón.

Alí, recoge parte del tesoro, encuentra a su hermano muerto dentro de la cueva y se lo lleva para darle sepultura.

Los ladrones descubren que alguien más conoce el secreto y disfrazado el jefe de mercaderes de aceite y escondidos los demás dentro de vasijas de barro, tratan de engañar a Alí Babá, pero son descubiertos y abrasados con aceite hirviendo.

Los ladrones disfrazados de vendedores de aceite, representan a las religiones establecidas que “venden” espiritualidad de forma engañosa, pues solo pretenden dominar al pueblo y le esconden o roban los verdaderos “tesoros”. Como dice el evangelio refiriéndose a los Fariseos “Ni vosotros entráis en el reino de los cielos, ni permitís que los demás entren” 

Una vez más amigo lector, si hemos conseguido entretenerte y hacerte pensar, nos damos por satisfechos.

Carlos Galindo